Las Mujeres del Aikido

Cuando hablamos de artes marciales, lo primero que nos viene a la mente es combate, fuerza, golpes, en resumen, la idea que se nos ha vendido: “que son altamente masculinas”. Pero, si indagamos un poco más en la historia universal, encontraremos que en distintas culturas y regiones las mujeres tenían que combatir muchas veces para proteger su casa, su familia y su honor; por lo cual se vieron en la necesidad de entrenar y desarrollar actividades bélicas como sucedió en el Japón Feudal con las llamadas Onna Bugeisha.

Afortunadamente, ya no nos encontramos en esa época donde era necesario aprender a combatir para garantizar nuestra supervivencia e integridad como mujeres y las artes marciales así como el mundo, evolucionaron para ir más orientadas hacia el deporte y sistemas de defensa personal pero sin dejar a un lado el trabajo interno que se desarrolla con cada una de ellas.

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Desde que tengo uso de razón siempre me llamó la atención las artes marciales, su sistema de práctica, filosofía y el empoderamiento que da el ir adquiriendo conocimientos sobre sistemas de defensa personal, muy útiles al momento de vernos físicamente amenazadas. Pero a la vez, me encontraba en la disyuntiva entre el paradigma y tabú que la sociedad ha establecido como por ejemplo: que hay actividades o deportes que son para chicos y otros para las chicas, que las artes marciales son un mundo exclusivo para los hombres, que las mujeres perdemos la feminidad y así tantas otras cosas que erróneamente de alguna manera se nos han dicho.

Cuando comencé a practicar Aikido habían en mí ciertas reservas, igualmente entrené otras artes y al poco tiempo me di cuenta que no hay artes marciales para hombres o para mujeres, y que las únicas limitantes u obstáculos reales nos los ponemos nosotros mismos. Aunque esto suene como una paradoja, entrenar no es cuestión de géneros ni de que biológicamente seamos distintos.

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Las mujeres atravesamos por cambios hormonales, embarazos, nos viene la menstruación y todos los malestares que eso conlleva, pero si el cuerpo se presta y no corre riesgo nuestra salud podemos entrenar sin ningún problema, en algunas ocasiones tan solo bajando un poco el ritmo. Particularmente yo soy muy sensible a los cambios que trae consigo la menstruación, me dan cólicos, algunas veces fragilidad capilar, dolores de cadera y de cabeza pero, aun así han sido pocas la veces que esto ha sido impedimento para entrenar con normalidad. Independientemente de nuestras diferencias biológicas debemos entender que somos humanos y tanto nosotras como los chicos no escapamos de malestares corporales, de tener gripe o dolor de estómago, etc. que pudiesen interrumpir nuestras actividades diarias así como nuestro entrenamiento.


Afortunadamente y contrario a lo que se piensa de la menstruación si podemos tener cierto control, como cargar toallas o tampones en el bolso, estos últimos son muy cómodos para continuar con el entrenamiento en esos días y pastillas para los dolores si este es el caso. En cuanto al tema de si perdemos o no la feminidad, ya eso depende de cada quien, en mi caso podría decir que al contrario, entrenar artes marciales la ha potenciado, posiblemente por la introspección que la práctica diaria conlleva y en la cual aprendemos a escucharnos a nosotros mismos, a entendernos, aceptarnos y valorarnos. Ser mujer y entrenar Aikido en este caso ha sido una enorme bendición y una gran oportunidad de demostrar que no existen géneros a la hora de querer realizar una actividad, hombres y mujeres podemos sacar fortaleza de nuestras supuestas debilidades porque los límites están en nuestra mente.

Por Sakura Mai.

 

Publicado en Blog de Aikido